Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Yo soy la vid verdadera Jn 15,1-8 (PAB5)

La vid y los sarmientos Jn 15,1-8 (PAB5-15)

“La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad del Señor y se multiplicaba animada por el Espíritu Santo”.  Así se refiere en uno de los “sumarios de los Hechos”, con el que se cierra la primera lectura de la misa de hoy   (Hech 4,11-12).
Es un panorama que rezuma la armonía de una vida cristiana fervorosa y consecuente. Lo cual no significa olvidar y negar las persecuciones que desde el primer momento se abatieron sobre los apóstoles, sobre Esteban.
Pero más que la paz exterior nos encanta esa nota sobre la armonía interior de una Iglesia que crece y se desarrolla. Es una comunidad que confía en la fidelidad que el Señor le muestra cada día. Y que trata de responder con fidelidad a la elección y a la vocación que ha recibido.
Claro que nada de eso habría sido posible sin la fuerza experimentada en Pentecostés. Tampoco hoy será posible crecer en la fidelidad si no nos ayuda la gracia del Espíritu Santo. 

 LA VIDA Y EL FUEGO

A ese recuerdo agradecido corresponde de alguna manera la palabra de Jesús que se proclama en el evangelio de este quinto domingo de Pascua  (Jn 15,1-8). En ella se nos recuerda la necesidad de ser fieles al que es la fuente de nuestra vida, 
• Jesús se nos revela como la verdadera vid. Era esta una imagen muy querida por su pueblo. Los profetas habían identificado muchas veces a Israel, con la viña plantada por Dios. Una viña de la que él esperaba los mejores frutos y de la que solo recibió agrazones. Jesús es la nueva y definitiva vid.
• Los discípulos de Jesús son comparados con los sarmientos. Cuando están unidos a la vid reciben de ella la savia de la vida y pueden producir los  frutos esperados. Si los sarmientos se separan de la vid, se secan, no pueden producir fruto por sí mismos y no tienen otro destino que arder en el fuego del hogar.
 La alegoría se aplica a todos nosotros. Sólo nuestra soberbia nos hace pensar que estar unidos a la vid, que es Jesucristo coarta nuestra libertad. Pero esa sería nuestra perdición. La fidelidad al Evangelio y a la Iglesia es la fuente de nuestra vida y la garantía de los frutos.  

EL PADRE  Y LOS DISCÍPULOS

 Este mensaje nos interpela. Sobre todo, porque la alegoría evangélica no se detiene en una amenaza de condenas y de fuego, sino que se abre a una hermosa perspectiva:
• “Con esto recibe gloria mi Padre”.  Jesús alude muchas veces a la gloria de su Padre. El Papa Francisco nos ha dicho que demasiadas veces buscamos nuestra propia gloria. Pero no es ese el deseo del Señor. No está en eso nuestra felicidad.  
• “Con que deis fruto abundante”. Demasiadas veces se acusa a los cristianos de una presunta esterilidad. Se dice que no contribuyen al progreso y la cultura. No es cierto. Jesús quiere que demos frutos de paz y de justicia, de verdad, de bondad y de belleza.  
• “Así seréis discípulos míos”. Jesús decía que la fe no consiste en meras palabras, sino en las obras concretas, en las que se manifiesta nuestra aceptación de la voluntad de Dios. Es decir, en la fidelidad que nos mantiene unidos a la vid.  

Inteligencia espiritual

Este blog inicia su andadura a partir de la IX Jornada de Reflexión sobre la Religión en la Escuela organizada por las diócesis de la Iglesia en Aragón y La Rioja. El tema que centraba el encuentro era “La Competencia Espiritual” y fue desarrollado en una ponencia y siete talleres sectoriales. Los encargados de la Jornada buscaron entre los profesores de religión de nuestras diócesis, personas capaces de elaborar materiales didácticos sobre el tema, pero adaptarlos a los niveles y ámbitos de nuestras aulas. Tras la Jornada, pareció bueno e interesante volver a juntar a los tutores de los talleres para que formaran una comisión de la Delegación Episcopal de Enseñanza de Zaragoza, que profundizara teóricamente en el tema, siguiera elaborando actividades y ayudara a renovar pedagógicamente a nuestros compañeros. Luego surgió el reto de acompañar el mismo proceso en la revista "Religión y Escuela". 
Dentro de la Delegación Episcopal de Enseñanza de Zaragoza (con Bernardino Lumbreras como delegado) se crea la Comisión de Innovación Pedagógica coordinada por Isabel Gómez.
Entre los contenidos publicados en la revista mencionada y los que encontraréis en el blog de dicha comisión tenéis a vuestro alcance herramientas muy interesantes para conocer y trabajar la inteligencia espiritual.
Un esfuerzo pedagógico que desde aquí queremos felicitar. (Visitar el blog)

Libres para creer (Card. Carlo María Marini)

«El corazón humano –el tuyo, el mío, el de todos– es más rico de lo que puede parecer y más sensible de lo que se puede imaginar; es generador de energías inesperadas; es una mina de potencialidades, a menudo poco conocidas o ahogadas por la escasa autoestima o la frustrante convicción de que es imposible cambiar... Intenta preguntarte por las verdades que están en lo más hondo de ti. No dudes en hacerte preguntas fundamentales. Escucha en tu interior. Tienes derecho a preguntarte, con el fin de conocer tus luces y tus sombras, saber de dónde vienes y adónde vas, qué sentido tiene tu vida... En el silencio de algún momento crucial, siéntete amado por Dios y trata de conocer a Jesús. Cuando lo conozcas, lo sentirás cercano, amigo, vivo. Y cuando tengas la experiencia de suscitar una sonrisa, de encender una esperanza en la vida de los otros, caerás en la cuenta de que también en tu vida habrá más luz, más sentido, más alegría».

Una amplia compilación de las intervenciones del cardenal Martini dirigidas a los jóvenes, en el curso de su largo y profundo magisterio. Un instrumento privilegiado para la formación de las conciencias, porque «la elección de servir al Señor» es el fruto de un prolongado e intenso itinerario de descubrimiento de la propia libertad.

Autor Card. Carlo María Martini
Editorial Sal Terrae
ISBN  978-84-293-1825-8
176 páginas
Precio 12 euros

La piedra y el pastor Jn 10,11-18 (PAB4-15)

“Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular. Ningún otro puede salvar y, bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos” Así interpela Pedro a los jefes del pueblo y a sus senadores  (Hech 4,11-12).
Pedro y Juan han sido llevados ante el Sanedrín no por haber curado al tullido que pedía limosna a la puerta del Templo de Jerusalén, sino por haberlo curado en el nombre del Mesías de Nazaret. Eso es lo que realmente molestaba a las autoridades del pueblo. 
Pero Pedro inicia su discurso con las palabras de un salmo (118,22). No se trata de un alegato para defenderse a sí mismo, sino del anuncio de su evangelio. Era importante afirmar que la piedra despreciada se había convertido en el fundamento de la vida y de la salvación.
O dicho más claramente, Jesús, crucificado por instigación de aquellos jefes del pueblo, ha sido convertido por Dios en el salvador de ese pueblo tan manipulado por sus jefes. Esa es la gran paradoja. Y ese es el núcleo del mensaje que ha de recorrer el mundo. 

 LA CONTRAPOSICIÓN

El evangelio de este cuarto domingo de Pascua  (Jn 10,11-18) nos recuerda todos los años la figura de Jesús como el Pastor bueno y responsable.
• Hay algunas notas que establecen una notable diferencia entre el pastoreo de Jesús y la actuación del asalariado. Jesús da la vida por sus ovejas. Pero el asalariado no es pastor ni dueño de las ovejas. Es evidente que sólo le preocupa su interés personal. No ama a sus ovejas. No está dispuesto a dar la vida por ellas.  Por eso las abandona cuando ve llegar al lobo.
• El texto que se proclama en este día nos ofrece otra contraposición muy importante. Pedro acusaba a los jefes del pueblo de haber  crucificado a Jesús. Pero el evangelio repite una y otra vez que Jesús entrega espontáneamente  la vida por sus ovejas: “Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente”.
• En este texto evangélico hay una tercera contraposición: la que va de entregar la vida a recuperarla. Nosotros entregamos o perdemos la vida, pero nada indica que podamos recuperarla. Una y otra vez se repite que Jesús entrega su vida por las ovejas. Pero por dos veces nos dice él mismo que tiene poder para recuperarla.

JESÚS Y EL PADRE

 No deberíamos olvidar esa palabra de Jesús. Sólo él tiene poder para recuperar la vida que entrega por los suyos. Ese es el mensaje de la Pascua. Pero todavía nos llaman la atención las referencias de Jesús a su Padre: 
• “El Padre me conoce y yo conozco al Padre”.  Esa relación de mutuo conocimiento entre Jesús y su Padre indica su origen eterno, revela el estilo de su vida y nos ofrece la razón por la que ha podido revelarnos a su Padre.
• “El Padre me ama porque yo entrego mi vida”. La generosidad de Jesús es fruto del amor que le une al Padre, pero, al mismo tiempo la entrega de Jesús a los hombres le hace merecedor del amor del Padre.
• “Este mandato he recibido de mi Padre”. Una y otra vez Jesús había manifestado que había venido al mundo para cumplir la voluntad del Padre. Ahora nos manifiesta que la voluntad del Padre es que el Hijo entregue su vida por sus ovejas.  

¿Extraños amigos?

Este es un libro escrito por una profesora de ciencias y un sacerdote, que han sido capaces de tender un puente entre los dos y hablarse mutuamente de ciencia y de fe, sin que ninguno haya pretendido convencer al otro ni ganar al lector para su propia causa. Escrito en género epistolar, en un tono distendido y ameno, los autores hablan de temas tan dispares como la creación, el amor, el cielo, el diluvio o el camino hacia la Tierra Prometida, entre otros, poniendo en relación las leyes de la física con las tradiciones del texto bíblico. El texto, fruto del interés mutuo de los autores en las ideas del otro, es un diálogo dirigido a aquella parte de la sociedad que, sin tener por qué perder sus creencias cristianas, se interesa por la ciencia. 

Autores Ana Rota y Fernando Cordero
Editorial San Pablo
ISBN 9788428546850
216 páginas
Precio 12,90 euros        

El día del perdón Jc 24,35-48 (PAB3-15)

“Arrepentíos y convertíos para que se borren vuestros pecados”. Con esas palabras se cierra el discurso que Pedro dirige a las gentes de Jerusalén según el texto de los Hechos de los Apóstoles que hoy se proclama en la celebración de la misa (Hech 3, 19).
Antes de esa exhortación, Pedro ha acusado a las gentes de su comportamiento con Jesús de Nazaret. Tres son los motivos de su acusación:
• Entregar a Jesús a las manos de Pilato, cuando el procurador romano había ya decidido ponerlo en libertad.
• Rechazar a Jesús, al que Pedro tiene que calificar necesariamente como el Santo y el Justo.
• Pedir a Pilato el indulto de un asesino,  mientras que optaron por entregar a la muerte al autor de la vida.
Si bien se mira, esas tres acusaciones no han perdido vigencia. También hoy se ignora la bondad y se glorifica la maldad, se desprecia la vida y se legaliza la muerte, se aplasta al inocente y se honra públicamente a los asesinos.      
UN MUNDO NUEVO
El evangelio de este domingo tercero de Pascua  (Lc 24, 35-48) está lleno de contrastes entre  la actitud de los discípulos de Jesús y la realidad de su resurrección y de su mensaje. 
• Los discípulos de Jesús confunden a Jesús con un fantasma. Pero el miedo a los fantasmas no les permite descubrir la verdad de la vida y la presencia de Jesús. 
• Frente a las dudas que surgen entre los discípulos, Jesús les ofrece la paz y la seguridad, los libera de la ilusión y del temor y les abre a la esperanza. 
• Los discípulos de Jesús son incapaces de comprender el sentido de la muerte de Jesús. Pero él les abre su entendimiento para que puedan recordar y comprender las Escrituras.
También en nuestra vida Cristo viene a crear la novedad. Como dice el Papa Francisco, “La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano” (“Alegría del Evangelio”, 278).
TESTIGOS DEL PERDÓN
La última frase de Jesús es un espléndido resumen de lo que ha de ser la misión y la tarea de la Iglesia y de cada uno de los creyentes:
• “Estaba escrito que el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos”.  Su pasión no debe ser para los creyentes fuente de escándalo ni motivo de burla para los incrédulos. Y su resurrección no debe  sumirnos en la duda. Es preciso creer en las Escrituras.
• “En nombre del Mesías se predicará la conversión y el perdón de los pecados”. Él Señor no resucita para condenarnos ni para condenar al mundo. Él nos ofrece su perdón y quiere que lo anunciamos a todos los que desean convertirse de sus pecados.
• “Los discípulos han de ser testigos de esto”.  No somos enviados como testigos de la cólera, la venganza o el castigo de Dios. Somos los testigos de su ternura y de su misericordia.