Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

La escucha y la señal Lc 16,19-31 (TOC26-16)

“Os acostáis en lechos de marfil..., coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo..., bebéis vinos generosos... y no os doléis de los desastres de José” He ahí un resumen de las invectivas de Amós contra los ricos egoístas de Samaría. Su tranquilidad no los librará de tener que salir muy pronto hacia el destierro (Am 6, 4-7). 
El profeta-pastor se escandaliza no sólo por la comodidad de los ricos de Samaría, sino, sobre todo, por la indiferencia con la que tratan de ignorar las desgracias padecidas por las gentes de las tierras de Efraím y Manases. Pagarán su insensibilidad con la deportación.
En ese contexto, es muy significativa la exhortación da san Pablo a Timoteo: “Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza” (1 Tim 6,11). No podemos olvidar el salmo que hoy cantamos: “El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, liberta a los cautivos” (Sal 145, 7).

 EL MÁS ACÁ Y EL MÁS ALLÁ

 El evangelio de Lucas nos presenta hoy la parábola del rico y el pobre (Lc 16, 19-31). Solo un manuscrito le adscribe al rico el nombre de Neves, que algunas tradiciones entienden como despectivo. El pobre se llama Lázaro, que significa “Dios ha ayudado”. Además de esta diferencia, la parábola contrapone dos escenarios  y tres tiempos.
• El primer cuadro refleja la vida de cada día. Vemos que el rico se viste de púrpura y de lino y goza de espléndidos banquetes. El vestido y la comida revelan la riqueza de que goza.  Por el contrario, el pobre yace a su puerta, cubierto de llagas, que lamen los perros, y con ganas de saciarse de las migajas que caen de la mesa del rico.
• El segundo cuadro se abre al más allá de la muerte. El rico está en los infiernos.  Reconoce al padre Abrahán. Y le ruega que envíe a Lázaro para que le refresque la lengua. Abrahán lo reconoce como hijo, pero le explica el cambio de la suerte: él, que tuvo bienes en vida, ahora padece mientras que Lázaro, que solo tuvo males, ahora encuentra consuelo.

LA ESCUCHA Y LA SEÑAL

En la parábola hay todavía un tercer tiempo, en el que el rico intercede por sus hermanos. Si Abrahán les envía a Lázaro como mensajero, tal vez recapaciten y puedan evitar caer en el mismo lugar de tormento. Y aquí se mencionan otras dos respuestas de Abrahán:
• “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.  En la Biblia tiene una gran importancia la “escucha” de la palabra de Dios. En escuchar y cumplir esa palabra está la salvación. Por eso es preciso preguntarse qué es lo que nos impide escucharla.

• “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. El pecado y la tibieza nos impulsan a vivir a la espera de una señal “especial” de Dios para decidirnos a cambiar de vida.  Pero la señal ya se nos ha ofrecido.

Dios y el dinero Lc 16,1-13 (TOC25-16)

“¿Cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo, y el sábado para ofrecer el grano?” Así pensaban y decían aquellos ricos desalmados que se encontró Amós al subir desde su pueblo de Técoa hasta la alta colina de Samaría.
Amós proclamaba abiertamente que él no era un profeta. Era sólo un pastor. Pero tenía ojos para ver la injusticia. Tenía sentido común para percibir la falsedad de los que pasaban el tiempo de oración planeando sus próximos negocios. Y, sobre todo, tenía fe y valor para gritar que Dios no podía ignorar tanta ignominia (Am 8,4-7).
El mensaje no es despreciar la riqueza sino apreciar la dignidad de los humildes. Con el salmo responsorial proclamamos que Dios “levanta del polvo al desvalido y alza de la basura al pobre” (Sal 112,7-8). San Pablo pide a Timoteo que se hagan oraciones para que todos puedan llevar “una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro” (1 Tim 2,1-2)

 UNA DOBLE ASTUCIA

El evangelio de Lucas privilegia a los pobres y marginados. Por eso, en sus páginas se menciona tantas veces el dinero. En el texto que hoy se proclama se recuerda la parábola del hombre rico que descubre la infidelidad de su administrador (Lc 16,1-13).
Antes de dejar su trabajo, éste urde apresuradamente una nueva trampa contra los intereses de su amo: invita a los deudores  a disminuir notablemente la deuda contraída por la compra del trigo y del aceite. ¿Cómo explicar la alabanza que el amo dedica a su administrador, al enterarse del engaño?
• Jesús subraya la astucia que los hijos de este mundo emplean para el mal y desea que los hijos de la luz aprendan a ser astutos para el bien.
• Además, el Maestro exhorta a los discípulos a que utilicen los bienes para ganarse una buena acogida en las moradas eternas. 
• Finalmente, dado el contexto de este evangelio, tal vez se sugiere  que el proceder del administrador ha hecho comprender a su amo lo efímero de los bienes de este mundo.

LOS DOS AMOS

De todas formas, la conclusión de la parábola, parece llevarnos a olvidar el aplauso que el amo dedicó a su administrador. El texto evangélico, en efecto, incluye dos serias advertencias para todos los discípulos:
• Solo quien es fiel será fiable. La fidelidad en lo pequeño hará que el discípulo de Cristo merezca confianza cuando se trata de lo más importante. El buen uso del dinero y de los bienes de la tierra es un signo de la seriedad del compromiso del creyente.

• Por otra parte, nunca será fácil servir bien a dos amos. El buen servicio a uno genera un mal servicio al otro. Es preciso saber elegir a quién servir. Esa elección revela la verdad última de la persona. La conclusión es tajante: “No podéis servir a Dios y al dinero”.

El reencuentro Lc 15,1-10 (TOC24-16)

“Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado” (Éx 32,7). Con esas palabras se dirige el Señor a Moisés para anticiparle el espectáculo bochornoso que va a descubrir cuando descienda al llano.
Dios había adoptado a Israel como su pueblo. Ahora parece desentenderse de él al decir a Moisés. “Se ha pervertido tu pueblo”. Dios había tomado la iniciativa de sacar a su pueblo de Egipto. Ahora parece cargar esta responsabilidad sobre Moisés. La apostasía del pueblo enciende la ira de Dios. Pero ante la súplica de Moisés, Dios se arrepentirá de la amenaza que pronuncia contra su pueblo (Ex 7,14).
San Pablo reconoce que, a pesar de haber sido un blasfemo, un perseguidor y un violento, Dios se ha compadecido de él (1 Tim 1, 12-17). Por eso, la asamblea litúrgica canta en este día: “Misericordia, Dios mío por tu bondad” (Sal 50, 3). 

 LA ALEGRÍA

Tres parábolas sobre pérdidas y encuentros. Tres parábolas sobre la alegría (Lc 15). Un capítulo que quedaría flotando en el recuerdo, aunque todo el evangelio se olvidara. Así lo pensaba el poeta Charles Péguy.
• Un pastor perdió una oveja. La buscó y logró encontrarla.  Y, alborozado, invitó a sus amigos a felicitarlo. Una mujer perdió una moneda. La buscó y al encontrarla, pidió a sus vecinas que la felicitaran. Jesús concluye estas parábolas con una misma profecía: “Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta”.
• En la tercera parábola hay un hijo que abandona el hogar, pero se arrepiente y vuelve. En su casa no hay cerrojos. Hay un padre que recibe al que se había perdido. Y hay otro hijo que no se ha ido de casa, pero no la vive como el hogar del amor y la armonía. Pero su padre lo invita a alegrarse: “Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15, 32). 

EL TERCER HIJO

Hace muchos años explicaba yo a los niños de la parroquia la “parábola del hijo pródigo” y de su padre misericordioso. En un momento les dije que en la tercera parábola me faltaba un tercer hijo. Un hijo que no abandonara el hogar. Un hijo que esperara a su hermano y se adelantara a preparar con alegría la fiesta para recibirlo en la casa.

De pronto, un niño levantó su mano para pedir la palabra. Nunca olvidaré su observación: “Ese tercer hijo también aparece en el evangelio. El tercer hijo es el mismo que cuenta la parábola”. Y así es. Una vez más, un niño nos ha evangelizado. Jesús no reniega del amor del Padre. Y tampoco reniega del hermano. Su amor y su alegría nos acogen en el hogar.

¿Quién era la serpiente? y 19 preguntas sobre la Biblia

Los estudios bíblicos han avanzado enormemente en los últimos años. Pero muchas de esas investigaciones duermen en libros densos, voluminosos y de difícil acceso para el común de los lectores."¿Quién era la serpiente del Paraíso?" intenta poner al alcance de todos algunas de esas nuevas conclusiones, con el fin de tender un puente entre la difícil erudición de los exégetas y el común de los lectores, acercando de forma fácilmente comprensible los arduos estudios de aquellos. Se propone, así, colaborar con la marcha del pueblo de Dios hacia una comprensión más plena de la Palabra de Dios, de la que hablaba Jesús en el evangelio  de Juan, cuando decía que aún no tenemos la verdad total y que el Espíritu Santo nos irá llevando poco a poco hacia ella (Jn 16,13).

Autor: Ariel Álvarez Valdés (doctor en Teología Bíblica)
Editorial Verbo Divino
ISBN 978-84-9073-247-2
184 páginas
Precio: 15 euros (papel) 7 euros (ebook)

El que no renuncie a sus bienes... Lc 14,25-33 (TOC23-16)

1.-¡La radicalidad del seguimiento de Jesús compromete y libera!
Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Una primera observación: no se conocen expresiones semejantes procedentes de la literatura rabínica. No sabemos de ningún rabino anterior, contemporáneo o posterior a Jesús que se hubiera nunca atrevido a expresar una declaración, exigencia o pretensión parecidas. Es una singularidad exclusiva de Jesús. Las afirmaciones son de las más radicales del evangelio. Jesús se atreve a colocarse por encima de los lazos sagrados que dirigen la familia. Sobre los lazos sagrados de los padres y los hijos. Todas las expresiones están en subordinación de la frase principal del conjunto: si alguno se quiere venir conmigo. El verdadero discípulo suyo debe centrar su vida en Él y contemplarlo todo desde Él. Para que la lectura se nos haga más inteligible hemos de tener en cuenta ahora otras palabras de Jesús que se dirigen también a los que quieran ser discípulos suyos y se decidan a optar por Él (Lc 9,23-24).

2.- ¡El seguimiento de Jesús crea nuevos vínculos y lazos de comunión!
La familia suministró al primitivo cristianismo una de sus imágenes básicas para definir la identidad y cohesión sociales cristianas. En la antigüedad, la familia extensa tenía mucha importancia. No sólo era la fuente del propio estatus comunitario, sino que funcionaba también como la principal red de relaciones económicas, religiosas, educativas y sociales. La pérdida de conexión fa¬miliar significaba la pérdida de esas redes vitales, así como la pérdida de conexión con el país. Pero una familia subrogada* podía tener las mismas funciones que la familia de origen. La comunidad cristiana, que hace las veces de familia subrogada, es el lugar propio de la buena nueva. Dejar a la familia de origen por la familia subrogada cristiana (como exige Jesús) era una decisión que costaría muchísimo tomar. Para los discípulos galileos que describe Mc en 3,31-35, abandonar la propia familia de origen y optar por la familia cristiana subrogada traía consigo una recompensa inestimable: en el tiempo presente cien veces más... y en el futuro la vida eterna (Mc 10,30). Lo mismo se puede decir en Lc 14,26. ¡Y parece ser que Lucas se preocupa mucho por los problemas de tales personas! En este marco social y ambiental se entienden mejor las palabras de Jesús y las consecuencias que se siguen para los que las aceptan y tratan de vivirlas.

3.- ¡Total despojo y desprendimiento en el seguimiento de Jesús!
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. El discípulo debe actuar con sabiduría en medio del mundo. En la misma línea que la primera lectura de este domingo, Jesús invita a recurrir a la verdadera sabiduría y sopesar sagazmente la situación real. Él ofrece una vida feliz ya en este mundo (congratulaciones o bienaventuranzas proclamadas por Él) con una proyección trascendente y perdurable. Pero como ya sabemos, para conseguirlo, deben cumplirse algunas condiciones. Es necesario el total despojo de lo que impide esa posesión. Jesús ofrece al hombre ser señor de todo, como lo es Él. Pero para ello es necesario el despojo de lo viejo para dar cabida a lo inesperadamente nuevo. El seguimiento de Jesús no es un salto en el vacío, es una sabia elección para conseguir lo mejor. Pero para ello hay que deliberar, ponderar y dejarse guiar por Él, que es la verdadera Sabiduría. Y también tiene vigencia este mensaje, esta exigencia, y esta promesa superabundante. El hombre de hoy como el de ayer es invitado a comprometerse en una nueva aventura en el sentido de la vida. Pero con un final seguro y garantizado.
(por Fr. Gerardo Sánchez Mielgo, dominico)