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La nueva comunidad Jn 14,23-29 (PAC6-16)

“Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que las indispensables” (Hch 15, 28).  Los apóstoles y los dirigentes de la comunidad de Jerusalén tienen que tomar una decisión. Hay quien pretende que se imponga la circuncisión a los nuevos discípulos del Señor, llegados del mundo pagano.
Parece una cuestión de ritos. En realidad, planteaba un problema fundamental. Significaba que para ser seguidores de Jesús era necesario acomodarse a la ley de Moisés. Había que abrazar el judaísmo. En ese caso cabía preguntarse qué aportaba el Evangelio y qué podía significar la nueva vida.
  Pero tan importante como la pregunta es la respuesta. No hubiera sido posible encontrar la solución acertada sin la inspiración del Espíritu Santo, que guía a la nueva comunidad de los creyentes. Es el Espíritu quien la conduce, le descubre lo esencial de la fe y la lleva a no imponer preceptos innecesarios.

LA PALABRA

Durante los domingos del tiempo pascual hemos venido leyendo algunos pasajes del libro del Apocalipsis. En el texto que hoy se proclama aparece de nuevo por tres veces el Cordero. Es el Señor. Él es la luz que ilumina a la nueva ciudad de los discípulos (Ap 21,23).
• También por tres veces el evangelio de hoy se refiere a la “palabra” del Señor (Jn 14, 23-29). En primer lugar se dice que quien le ama guardará su palabra. Una vez más se ofrece el criterio del amor verdadero. No es tan solo un sentimiento. Es una escucha activa y un cumplimiento de todo lo que comporta y exige la palabra del Señor.
• Junto al retrato del creyente, el evangelio  ofrece en un segundo momento el retrato del no creyente. Este se caracteriza porque no ama a su Señor. Y, en consecuencia, no se preocupa por escuchar y guardar sus palabras.
• En tercer lugar, Jesús explica que la palabra que escuchan sus discípulos no es tan solo la de su Maestro. Es la misma palabra del Padre que lo ha enviado. Así que la fidelidad del discípulo a la palabra de Jesús es un eco de la fidelidad de Jesús a la palabra del Padre.

EL PADRE

 Con todo, en el texto evangélico que hoy se proclama es más llamativa aún la frecuencia con la que se evoca al Padre. Su identidad y su obra podrían resumirse, al menos, en estas seis afirmaciones de Jesús:
• El Padre ama a los que guardan la palabra de Jesús y la cumplen.
• Junto con Jesús, el Padre hace morada en los fieles que aman y escuchan su palabra.
• El Padre se da a conocer por medio de la palabra que comunica a Jesús.
• En nombre de Jesús, el Padre enviará a los discípulos el Defensor, el Espíritu Santo.
• El Padre que envió a Jesús es el destino final de su vida.

• Porque el Padre es más que Jesús.

Los milagros del cielo


Película que he visto hace nada, como suele decirse, y que recomiendo. Las críticas de los entendidos la ponen de vuelta y media por el "tufillo" de la parroquia y mensaje cristiano. No puedo tener una opinión más diametralmente opuesta, máxime cuando las mayores críticas vienen de críticos de cine muy progresistas y más enamorados todavía del cine de autor.
Basada en hechos reales, el hilo conductor es la historia de una niña que sufre un grave trastorno de motilidad intestinal que le avoca, poco a poco, a un desenlace vital inevitable pues no hay cura para ello. Y ello a pesar de que los padres logran que la niña sea tratada por el mayor especialista del país. Todo ello se complica con un accidente que, paradójicamente, es el punto de inflexión para una curación inexplicable.
Un "drama" que llena una película del sufrimiento y de la enfermedad elevados a lo más sensible pues se centra en el dolor infantil  que da pie a observar la vivencia de la fe de una familia que sufre lo cotidiano de ser cristianos: confianza, dudas, alejamiento, arrepentimiento, fortalecimiento de la fe.
Temas a los que el cine no nos tiene muy acostumbrados por ser una muerte real y tal vez ese sea su problema para los críticos, anestesiados ya con las montañas de muertes gratuitas de la cinematografía mundial, de la que no se salva ni la de autor.
(junto a estas líneas, la familia real que inspiró esta película; la protagonista del milagro es la hija mediana)

Tribulación y Amor Jn 13,31-33a.34-35 (PAC5-16)

“Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios”  (Hch 14, 22). Esa podría ser una de esas frases que nos envían con frecuencia los amigos. Llegan superpuestas a una hermosa foto de un lago o de la cumbre nevada de un monte. A primera vista nos impresionan. Después las olvidamos, atraídos por la belleza del paisaje.
En la ciudad de Listra, colonia romana y patria de Timoteo, los apóstoles Pablo y Bernabé habían curado a un hombre tullido. Al ver el portento, las gentes quisieron adorarlos como a dioses, Pero ellos pregonaron a gritos que eran hombres y nada más. El texto nos da cuenta de la persecución que sufrieron en las ciudades de Licaonia.
“Hay que pasar por muchas tribulaciones  para entrar en el reino de Dios”. Esa frase no es un lema inocente para encabezar  la predicación de un retiro espiritual. No es una  pura teoría. Es la conclusión de una experiencia de persecución sufrida por los apóstoles. Sólo después de haber sufrido, podían animar a los hermanos con esta exhortación.

LA HORA

El evangelio que se proclama en este quinto domingo de Pascua (Jn 13, 31-35) se sitúa en el escenario de la última cena de Jesús con sus discípulos. Exactamente, después de que Judas salió del Cenáculo para internarse en la noche. Para él había llegado la hora de entregar a su maestro en manos de los sacerdotes del templo de Jerusalén.
 • “Ahora es glorificado el hijo del hombre, y Dios es glorificado en él”. Para Jesús, aquella salida del discípulo traidor marcaba  la llegada de su glorificación. Jesús había previsto este momento. Es más lo había anunciado a sus seguidores. Pero ellos nunca hubieran sospechado que la glorificación iba a coincidir con la crucifixión.
•  “Hijitos, me queda poco de estar con vosotros”. Nos sorprende la ternura con que Jesús se dirige a sus discípulos. Solamente en esta ocasión aparece la palabra hijitos en los evangelios. Nos sorprende también la claridad con la que Jesús ha previsto su suerte y su muerte. El tiempo de su misión terrestre toda a su fin. Y él lo sabe.

Y EL MANDATO

 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús había recogido la regla de oro de todas las culturas (Mc 12,31), según el texto que se leía en el libro del Levítico (Lev 19,18). Pero en la hora de su despedida modificaba sustancialmente aquel precepto:
• “Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Lo habitual era que el mismo sujeto se tomara a sí mismo como la medida del amor. Desde ahora, la medida del amor sólo puede ser Jesús.

• “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”. Los grupos humanos tratan de distinguirse por sus hábitos o la etiqueta que pegan a sus vestidos. Los discípulos de Jesús habrán de distinguirse por el amor mutuo.

El cordero y las ovejas Jn 10,27-30 (PAC4-16)

“Teníamos que anunciaros primero  a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor”. (Hch 13, 46). Son impresionantes esas palabras de Pablo y Bernabé, al constatar el rechazo de sus oyentes a la palabra que predican.
El discurso de Pablo a los judíos en Antioquía de Pisidía es paralelo al que dirigirá a los griegos en Atenas. Son dos formas de anunciar el mensaje de Jesucristo a las dos culturas antagónicas del momento. El Apóstol es un hombre bicultural  y las conoce bien. Sabe y proclama que el evangelio de Jesús es salvación para unos y para otros.
Pero su experiencia es dura. Los judíos esperan un mesías poderoso. Los gentiles del mundo helénico solo buscan una nueva sabiduría. Así que ambos rechazan a Cristo. Como dirá  Pablo a los Corintios, el Cristo crucificado es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles. Mas para los llamados es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor, 1-23-24).

EL CORDERO

El Apocalipsis ha sido escrito en una hora de persecución a los que han aceptado a Cristo como su Señor. Por eso resultan molestos a los poderes del imperio. Ante los ojos del autor de este libro pasa la muchedumbre inmensa de los que “vienen  de la gran tribulación y han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero” (Ap 7,14).
Por tres veces se menciona al Cordero en la segunda lectura de este domingo. Aunque suene a paradoja, la Sangre del Cordero ha blanqueado los mantos de los mártires. Es más, el Cordero les libra del hambre y de la sed, del sol y del bochorno, como anunciaba el libro de Isaías a los que retornaban del destierro (Is 49,10). Además, el Cordero será su pastor y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
La imagen del Pastor es la señal característica de este domingo cuarto de Pascua. Todos los años proclamamos en este día el capítulo 10 del evangelio de Juan. Cada año nos sorprende un detalle que ya creíamos aprendido y asimilado. Este año vemos que Jesús se identifica con el Pastor generoso que guía  y protege a las ovejas recibidas del Padre celeste (Jn 10, 27-30).

 Y EL PASTOR

  El breve texto del evangelio de hoy se articula en tres contraposiciones que hablan de la misericordia del Pastor y de sus dones, pero también  de la suerte de las ovejas:
• “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”.  El primer don es la escucha. Escuchar la voz del Señor en medio de la algarabía de este mundo es signo de fidelidad.
• “Mis ovejas me siguen y yo les doy la vida eterna”. El segundo don es el seguimiento del Señor. Seguirle exige renunciar a nuestro capricho y aceptar su plan. 

• “Mis ovejas no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano” El tercer don es la pertenencia. Ser de Cristo da a los creyentes una seguridad que nadie puede imaginar.