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La necesidad y el deseo Jn 6,24-35 (TOB18-15)

“Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no”. Así habla Dios a Moisés, cuando los israelitas se lamentan y añoran los alimentos de que disfrutaban en Egipto. Prefieren la esclavitud del pasado a la libertad que se les ofrece en esperanza.
Pero Dios no abandona al Pueblo que ha elegido, por mucho que éste trate de falsificar el sentido del camino del éxodo. Dios es fiel a su proyecto de liberación. Las bandadas de codornices y el maná que aparece cada mañana como el rocío en el desierto son el signo de su providencia. 
Dios es Dios, aunque los hombres no sepamos interpretar las señales de su presencia y nos preguntemos cada día como aquel pueblo: “¿Qué es esto?” También a nosotros se dirigen las palabras de Moisés: “Es el pan  que el Señor os da de comer” (Ex 16,2-4.12-15).

LOS CONTRASTES

El evangelio de hoy recuerda que las gentes alimentadas por Jesús le buscan y le siguen, por todas partes (Jn 6,24-35). Pero Jesús no sólo observa los hechos, sino que conoce las intenciones de las gentes. El texto se articula al menos en tres  contraposiciones:
• “Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros”. La búsqueda es una categoría importante en el camino de la fe. Pero exige buscar más al Donante que a sus propios dones. Si la búsqueda de Dios es interesada, es que nos hemos colocado a nosotros mismos en el puesto de Dios.
• “Trabajad no por el alimento que perece sino por el alimento que perdura”. En la vida es importante satisfacer nuestras necesidades inmediatas. Pero sería una pena que el presente nos impidiera mirar al futuro. Nuestras necesidades temporales no pueden ahogar nuestros deseos de lo eterno.
• “No fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo”.  En nuestro camino hay que reconocer y agradecer el servicio que nos prestan los que nos ayudan a caminar. Pero los mensajeros no podrán hacernos olvidar al Dios y Padre de las misericordias.

 HAMBRE Y SED

“¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?”. Así preguntan las gentes a Jesús. Pero Jesús afirma que no importa realizar muchas obras sino una sola: creer en el que Dios ha enviado. La fe es mi propia responsabilidad, mi búsqueda y mi programa. Mi tarea diaria. Precisamente ahí se sitúa la revelación de Jesús: 
• “Yo soy el pan de vida”. Ante la Samaritana, Jesús había afirmado que podía dar  el agua que salta hasta la vida eterna. Ahora se presenta como el pan de la vida. Las imágenes son expresivas para orientar nuestros deseos más profundos. 
• “El que viene a mí no pasará hambre”.  Tan peligroso es morir de hambre como tratar de satisfacerla con alimentos impropios de nuestra dignidad. Sólo el Señor puede saciar nuestra hambre de verdad, de bondad y de belleza.
• “Y el que cree en mí no pasará nunca sed”. El que se ofrecía a calmar la sed junto al pozo de Jacob, morirá en la cruz confesando su propia sed. Pero a él nos dirigimos como la cierva que busca las corrientes de agua. 

En el hogar de la Palabra con Juan Cruz y Teresa de Jesús

Señala el autor en la presentación de la obra: «Los místicos nos enseñan a diferenciar y a no confundir “creencia en Dios” con “experiencia de Dios”. El verbo latino “ex-per-iri” significa “explorar viajando”, conocer algo no sólo por oídas, sino por contacto y relación personal. 

Experiencia de Dios es el “lugar natal de Dios”, donde Él va a nacer en nosotros de verdad. Es decisivo que nuestros contemporáneos, inmersos en la cultura tecno-líquida, del enjambre mediático y psicopolítico, encuentren este rostro genuino del cristianismo: la experiencia viva de un Dios Vivo y Viviente».

Raúl Berzosa se acerca a la palabra de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz desde la lírica, la que mejor expresa lo que normalmente nos resulta difícil comunicar.

Autor: Mons. Raúl Berzosa Martínez
Editorial Monte Carmelo
ISBN 978-84-8353-702-2
108 páginas
Precio 11 euros

El hambre y el pan Jn 6,1,15 (TOB17-15)

“Dáselos  a la gente para que coman. Porque esto dice el Señor: Comerán y sobrará”. Así se expresa el profeta Eliseo.  Es importante releer con calma la primera lectura de la misa de este domingo 17 del Tiempo Ordinario.
El texto contrapone a Eliseo y a su criado. Mientras éste mira los acontecimientos con ojos de cálculo, el profeta los mira con los ojos de la fe.  En realidad, los gestos de Eliseo son mucho más importantes que sus palabras. En este caso, su gesto revela la compasión con la que el hombre de Dios mira a las gentes que lo siguen.
El profeta Eliseo invita a repartir entre aquel centenar de personas los veinte panes de cebada que le había traído un hombre. Al mismo tiempo, su criado se pregunta cómo puede ese pan satisfacer a tanta gente. Pero el caso es que comieron todos y sobró pan (2 Re 4,42-44).

LA ENTREGA

La figura y el gesto del profeta Eliseo nos evocan inmediatamente la figura de Jesús que hoy aparece en el evangelio de Juan (Jn 6, 1-15). El relato del reparto de los panes y los peces y el discurso posterior de Jesús nos van a acompañar a lo largo de cinco domingos consecutivos. El texto que hoy se proclama nos presenta algunos rasgos notables:
• Las gentes siguen a Jesús porque han visto los signos que hace con los enfermos. Pero no han descubierto todavía el gran signo de Jesús. Está cerca la Pascua. Así que la entrega de los panes y los peces anticipa la entrega pascual de Jesús.
• La preocupación por las necesidades de las gentes que le siguen no parte de los discípulos, sino del mismo Jesús. Sin embargo, Jesús requiere la colaboración de sus discípulos. Y aprovecha la generosidad de un muchacho que ofrece lo poco que tiene.
• La oración de acción de gracias de Jesús nos remite a la eucaristía, en la que celebramos la “gratuidad” del don de Dios a los hombres. Y evoca también nuestra oración de “gratitud” antes y después de las comidas, con la que reconocemos a Dios como Señor de la vida.

LA COMPASIÓN

El reparto de los panes y los peces se encuentra en los cuatro evangelios. El texto que hoy se proclama se cierra con dos frases que recogen  el sentir de Jesús y el de la multitud.
• “Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie”. Importa que no se pierdan los restos del pan. Pero más importa que la comunidad aprenda a compartir los bienes con los hambrientos de pan y de sentido. En nuestros días, el papa Francisco denuncia constantemente la falsa cultura del desperdicio y del descarte.
• “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo”. Por las palabras de Jesús, ya la Samaritana lo había reconocido como un profeta. Ahora, son la compasión y las obras de Jesús las que lo revelan ante la multitud como el profeta esperado desde siempre.

Cómo triunfan los niños

Existe la creencia popular -y quizá científica- de que el éxito va unido a la inteligencia. Paul Tough demuestra en este magistral estudio cómo los mecanismos del éxito tienen que ver con un conjunto diverso de cualidades: la perseverancia, el autocontrol, la curiosidad, la meticulosidad, la resolución y la autoconfianza. Los economistas se refieren a ellas como habilidades no cognitivas, los psicólogos las llaman rasgos de personalidad y el resto las denomina carácter.
Un excelente libro que explora los últimos descubrimientos de la neurociencia, la educación y la psicología. El autor recopila las teorías de una nueva generación de investigadores y educadores que por fin utilizan los instrumentos de la ciencia para descubrir los misterios del carácter. Este provocativo y esperanzador libro tiene la capacidad de cambiar la forma en la que criamos a nuestros hijos, dirigimos nuestros colegios y construimos la sociedad. 

Autor Paul Tough
Editorial Palabra
ISBN 978-84-9061-089-3
172 páginas
Precio: 17,50 euros (papel)

La escucha y la enseñanza Mc 6,30-34



“¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño!” Con esta lamentación divina, comienza la primera lectura que hoy se proclama (Jer 23, 1-6). El Señor denuncia y condena el comportamiento de los malos pastores de su pueblo. En lugar de reunir a las gentes las han dispersado.
Así que el Señor mismo promete que será el pastor de su pueblo: “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países a donde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen”.  No sólo eso, sino que el Señor elegirá buenos pastores para que las ovejas vivan sin temor y no se pierdan.
El oráculo profético se cierra con una promesa muy importante. Dios anuncia la llegada de un descendiente de David, que reinará como rey prudente y será reconocido por su amor a la justicia. La imagen del pastor era muy conocida por un pueblo que se había formado conduciendo a sus  rebaños. Así que aquella profecía mantuvo viva la esperanza del pueblo de Israel.      
 
EL SENTIDO DE LA MISIÓN

El evangelio de hoy recuerda que Jesús había enviado a sus apóstoles a una misión por los pueblos de alrededor. En este momento regresan para reunirse con él. Antes de retomar la imagen del pastor y aplicarla a Jesús, el texto ofrece unos detalles muy importantes sobre él mismo y sobre el sentido de la misión evangélica (Mc 6, 30-34).
• En primer lugar, leemos que Jesús invita a sus discípulos a subir a una barca y retirarse a un lugar tranquilo para descansar junto a él. Para Jesús es más importante el “ser” que el “hacer”. Junto al trabajo misionero, valora el descanso y la convivencia. Jesús parece más interesado por las personas que por los resultados de su acción.
 • Además, de alguna manera se nos dice que para ser auténtica, la misión ha de ser repensada, contrastada, evaluada. Pero no se trata de una evaluación académica o sociológica. Es una evaluación “contada”. Los enviados por Jesús vuelven junto a él para hacerle partícipe de sus experiencias.  Jesús sabe y quiere escucharles. El Maestro se hace discípulo. 
 • Hay otro detalle importante. El texto nos dice que eran tantos los que iban y venían que los discípulos no encontraban tiempo ni para comer. Es verdad que, junto a la tentación de la acción continua, serpea también la tentación de la “acedia”, como dice el Papa Francisco. Si Jesús no quiere la ociosidad, tampoco quiere que sus discípulos mueran en el intento.

EL REGALO DEL TIEMPO

Pero al final del texto evangélico  se añaden unas palabras que nos remiten a la imagen del pastor: “Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles con calma” (Mc 6, 34). 
• Las gentes andaban perdidas. Anhelaban escuchar una palabra de verdad y de vida. Seguramente eso es verdad también en nuestro tiempo. No podemos ignorar el hambre y la sed de sentido que afligen a tantas personas.
• Jesús es capaz de cambiar con generosidad sus propios planes. No se hace sordo ante las necesidades de las gentes. Jesús no considera como intocable el proyecto de descanso que había pensado para él y para sus discípulos.
• Así que el Maestro se deja llevar por la compasión y se dedica a la ardua y fatigosa tarea de enseñar a las gentes. Pero no lo hace reflejando frustración. El tiempo es el don más importante que podemos ofrecer a las personas. Y Jesús lo ofrece de todo corazón.

Bien, Mejor, ¡Excelente!

Todos los padres se enfrentan al desafío de transmitir a sus hijos una actitud positiva hacia el trabajo, que arraigue en hábitos útiles para toda la vida. Que los hijos lo entiendan es importante, pero no es suficiente: han de esmerarse en hacer sus tareas bien, ordenar sus cosas, trabajar en equipo, vencer la mala gana.
La autora trata cinco virtudes relacionadas con el trabajo: orden, diligencia, responsabilidad, cooperación y alegría. Fruto de su vivencia personal y de su experiencia, ofrece un breve y práctico manual para padres, cuidadores y educadores.

Esther Joos Esteban es doctora en Filosofía y experta en Infancia, Familia y educación en valores. Profesora en la Escuela de Educación y Desarrollo Humano (University of Asia and the Pacific), ha publicado numerosos artículos sobre los abusos verbales, las conductas adolescentes y la protección de la infancia. Su vida transcurre entre Manila y Nueva York, donde ha impartido cientos de seminarios sobre paternidad y educación a lo largo de los últimos 25 años.

Autora Esther Joos Esteban
Editorial Rialp
ISBN 978-84-321-4534-6
192 páginas
Precio 12 euros (papel), 6,99e-book

La iniciativa de la misión Mc 6,7-13 (TOB15-15)

“No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos”. Nos conmueve la simplicidad con que el pastor Amós responde al sacerdote Amasías, según se lee en el texto que hoy se proclama (Am 7,12-15). Evidentemente el profeta molesta a la institución. Pero hoy son muchos los que se proclaman profetas. Los que pregonan haber recibido ese carisma.
 Pues, bien, el verdadero profeta no se atreverá nunca a apropiarse ese título. El verdadero profeta no lo es por profesión. Se podría decir que lo es siempre a regañadientes. La iniciativa no viene de él sino de Dios. Es Dios quien lo saca de su vida habitual y pone en sus labios unas palabras que ni él mismo habría nunca imaginado.
La verdadera vocación profética no reporta nunca beneficios inmediatos. Por eso, nunca puede brotar en el campo del egoísmo y de los propios intereses. Se ha dicho con razón que la vocación puede ser representada como una lucha con Dios, en la que el llamado es siempre vencido por el que le llama. Bien lo sabía Amós, acostumbrado a guiar sus rebaños por el campo.  
 
EL ESTILO DE LA MISIÓN

Si la primera lectura nos recuerda la vocación de Amós, el evangelio nos da cuenta de la vocación de los discípulos de Jesús. Tampoco ahora la iniciativa viene de ellos mismos. Es el Señor quien los elige, quien los llama y quien los envía con una triple misión: predicar la conversión, echar los demonios y curar a los enfermos (Mc 6,7-13).
 • Ahora bien, Jesús los envía de dos en dos. Sus discípulos no son francotiradores. Viajar, caminar y actuar siempre “de dos en dos” es ya un requisito para que puedan ser creídos como pregoneros y testigos de la verdad.
• Pero es que, aun antes de actuar y de hablar, han de ser convincentes por su misma forma de vivir en comunión y fraternidad. La buena noticia del amor no será creíble si los que la proclaman  no se aman como hermanos
• Además, los discípulos del Señor son enviados con un encargo muy concreto de vivir en austeridad y pobreza. Ha de faltarles no  solo lo superfluo, sino también lo necesario. El mensaje dirigido a los pobres no será creíble si lo anuncian los que nadan en las riquezas.


SENCILLEZ Y LIMPIEZA

El texto evangélico recoge un par de advertencias de Jesús que pueden resultar extrañas en la cultura de nuestro tiempo:   
• “Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio”.  Jesús quiere y espera que sus discípulos no sean presuntuosos, ni escogidos. La verdad del mensaje ha de apoyarse en la sencillez del mensajero. Abandonar una casa por exigencias de mayor comodidad no haría muy creíble el evangelio.
•   “Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo  de los pies, para probar su culpa”. Jesús es muy realista. Sabe que quienes rechazan el mensaje, rechazarán también al mensajero. Pero hay que vivir siempre con rectitud y limpieza. Para que sea evidente que el rechazo es inmotivado.